5 días en Bélgica y Luxemburgo

Mucho ha cambiado en la atmósfera que rodea a la pequeña Bélgica desde que la visité allá por el año 2006. La guerra terrorista ha cambiado la percepción de la seguridad en este rincón europeo, pero este no debe ser motivo para dejar escapar una visita al corazón político del continente. Bruselas en particular y Bélgica en general siguen siendo destinos seguros en los que disfrutar de lo mejor de Europa. Además, la cercana Luxemburgo ofrece también algo que no te esperarías en esta pequeña capital. ¿Tienes 5 días para visitar la zona y no sabes por dónde empezar?

Aquí te dejo mi propuesta de viaje de 5 días por las principales ciudades de Bélgica y Luxemburgo.

Día 1: El centro de Bruselas

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El corazón del corazón de Europa: la Grand Place. El punto central de Bruselas es una grandiosa plaza que alberga edificios importantes como el Ayuntamiento o la Casa del Rey (del rey de España precisamente), por si te da un poco de furor patriótico. Por esta plaza, también llamada Grote-Markt en neerlandés (la otra lengua oficial de Bruselas, si bien en esta zona no se escucha mucho por las calles), pasarás más de una vez durante tu estancia en la capital. Si en el mundo todos los caminos llevan a Roma, en Bruselas todos los caminos llevan a la Grand Place.

Un paseo por el centro de Bruselas no puede dejar de incluir visitar los preciosos edificios de estilo neoclásico, gótico y neogótico que le dan a la capital belga su toque de distinción. Edificios como la Bolsa, la Casa de la Moneda, la catedral de San Miguel o la iglesia de Santa Caterina son importantes puntos para acercarnos y dar un bonito promenade por el centro. No te pierdas tampoco por esta zona las Galerías Reales de Saint-Hubert, aunque solo sea por ponerte los dientes largos con las tiendas de lujo que allí se albergan.

No podemos olvidarnos de uno de los símbolos de Bruselas: el Manneken Pis, ese pequeñito meón de 60 centímetros que lleva mojando las calles bruselenses desde 1619. Este travieso cuenta también con su versión femenina: la Jeanneke Pis, situada cerca del edificio de la Bolsa, en la rue des Bouchers.

Por la tarde nada mejor como ir a deleitarnos con la tranquilidad de las vidas de los bruselenses al parque de Bruselas. En las cercanías del mismo encontramos el Palacio Real y el Palacio de la Nación, símbolos de las dos principales instituciones belgas: la monarquía y el parlamento.

Para comer, lo mejor es probar el plato nacional belga: los moules frites: mejillones con patata fritas. La rue Chair et Pain o la rue des Bouchers cuentan con gran oferta gastronómica en este sentido, si bien los camareros son tan insistentes con los turistas que más parece que estás paseando por la bulliciosa Marrakech que por la tranquila Bruselas.

Día 2: La Bruselas de Leopoldo II y la Bruselas moderna

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En el segundo día de visita por la capital visitaremos el legado del filántropo (según el mismo) o genocida (según el resto del mundo) rey Leopoldo II así como los edificios que marcan el estilo de la moderna capital europea.

En el barrio de Schuman (o barrio europeo), al este de la ciudad, comenzamos la visita en la Comisión Europea, en mi opinión, uno de los edificios más elegantes de la ciudad. Construido por el arquitecto Lucien de Vestel, este puede considerarse como el verdadero centro político de la Unión Europea.

A poca distancia al este, encontramos el palacio del Cincuentenario, un arco triunfal ladeado por dos imperiales galerías construido por Leopoldo II en 1880 y que albergó en su día una Exposición Universal en la que la principal atracción era la exhibición de todo un poblado congoleño, un verdadero zoo humano. Dramas aparte, este es un lugar perfecto para un picnic ya que delante del palacio se abre un gran parque en el que disfrutar de un merecido descanso.

Nos dirijimos ahora hacia el extremo norte de la ciudad. También legado del cruel rey de los belgas, visitamos algo que no te esperarías en Bruselas: los jardines del Pabellón Chino. Data de 1913 y pasear por él es lo más parecido a viajar al lejano oriente sin salir de Europa. Y sin salir del mismo barrio procedemos a visitar el símbolo por excelencia de Bruselas, el Atomium. Aquí te puedes hacer tu foto más representativa de toda la ciudad, delante de la molécula gigante construida con motivo de la Exposición Universal de 1958.

¿Te apetece un dulce? Recuerda que Bruselas es la capital mundial del gofre. #LlámameGordo.

Día 3: Gante

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Tras dos días en la capital nacional, nos disponemos a conocer otros lugares de interés en el país. A solo 45 minutos en tren desde la estación de Bruselas Central podemos visitar Gante. Se trata de una de las principales ciudades de la región de Flandes, por lo que si chapurreas francés, aquí no lo practiques porque te pondrán mala cara y te responderán en inglés ya que su lengua es el flamenco (un dialecto del neerlandés).

Gante vio nacer al emperador Carlos V, tan unido tanto a Granada -mi ciudad- como a Extremadura -mi tierra-. Muestra de este pasado imperial tenemos el castillo de Gravensteen, una impresionante mole medieval desde la cual obtener una preciosa vista de la ciudad. También alberga un pequeño museo de la tortura para los más morbosos. Acompañando la monumentalidad del castillo, en Gante podemos visitar la catedral de San Bavo, el famoso campanario (o beffroi), o la iglesia de San Nicolás.

No obstante, uno de los principales atractivos de Gante son sus canales. Graslei y Korenlei son las más pintorescas calles acanaladas de esta ciudad flamenca. Sus puentes y las coquetas fachadas de sus edificios le dan a Gante el especial encanto que la hace tan característica. Un contrapunto íntimo a la regia figura de sus edificios imperiales y religiosos.

Día 4: Brujas

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Gante cuenta con una archienemiga: Brujas. Todo aquél que visita Bélgica deberá elegir qué ciudad le ha gustado más, si la imperial Gante o la industriosa Brujas. Yo no te diré cuál me gustó más para que puedas sacar tu propia conclusión.

Brujas se encuentra a 1 hora y 15 minutos en tren desde Bruselas o a 25 minutos de Gante, si vas directamente desde la anterior ciudad. Al igual que la capital belga, esta pequeña ciudad flamenca cuenta con su gran plaza, la Grote Markt. De pequeñas dimensiones comparada con su hermana bruselense, la plaza mayor de Brujas muestra claramente en la riqueza de sus fachadas el antiguo poder económico y comercial que tenía esta localidad durante la Edad Media y la Edad Moderna.

Al igual que Gante, Brujas cuenta con una extensa red de canales por las cuales poder pasear y dejarse evadir. Una de las vistas más evocadoras de Brujas son su parque de molinos de viento situado al este de la ciudad. De entre estos gigantes, el más reconocido es el Bonne-Chière.

De entre los edificios monumentales para visitar en un día, puedes acercarte a la catedral de San Salvador, al Ayuntamiento -situado en la recoleta plaza del Burg– o el también conocidísimo y dominante campanario.

Por último,  un lugar perfecto para terminar la excursión a Brujas es el Beguinaje, un parque rodeado de lo que fue un antiguo convento de monjas benedictinas fundado allá por el siglo XIII. Muy espiritual.

Día 5: Luxemburgo

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Cambiando de tercio y poniendo nuestra mirada al este, nos dirijimos ahora al vecino país de Luxemburgo. En tren se puede hacer algo largo ya que son cinco horas en este transporte urbano, por lo que quizás es mejor opción agenciarse un coche ya que el trayecto sería entonces de solo dos horas y media.

La ciudad de Luxemburgo no es sino un pequeño pueblecito trilingüe (francés, alemán y luxemburgués) que parece que está en continua construcción. Hace diez años y ahora. El principal punto de interés monumental es el Palacio Gran Ducal en el centro, y el complejo amurallado que rodea el casco antiguo de la ciudad, desde el cual, las vistas sobre el cañón del río Péitruss son impresionantes.

Una experiencia que uno no se espera a la hora de visitar Luxemburgo es un paseo entre la naturaleza y los huertos, precisamente, a la orilla del río Péitruss. Descendiendo por una empinada cuesta justo al lado del Pont Bleu, nos acercamos a un paisaje totalmente distinto. Una bonita ruta de trekking urbano entre hortalizas y bosques para terminar un día perfecto en el pequeño país europeo.

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