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Ruta por Baviera y Austria en 10 días

Ruta de 10 días por Baviera y Austria

Una de las zonas de Europa que más me gusta es Bavieraestudié ahí, viví ahí... me siento un poco bávaro en general. La vecina Austria, por supuesto, tampoco se queda atrás. Es gracioso porque realmente cuando vivía en Passau, me fastidiaba el hecho de que me saltara el roaming cada dos por tres y me dejara el teléfono prepago temblando.

Historietas aparte, si tienes ganas de un viaje diferente por Europa, te recomiendo esta ruta por Baviera y Austria en 10 días. Lo reúne todo: ciudades, pueblos, montaña, naturaleza (¡incluso playa!) ¿Qué no? Pues descubrelo todo a continuación. Y recuerda, que está contado desde el cariño de una zona a la que llamé ‘heimat’ (o sea, casa) durante tiempo.

Kommst du mir? o como dirían en bávaro Gehst mit mia mit?

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Mapa de localización de la ruta de Ruta de 10 días por Baviera y Austria

La ruta de 10 días por Baviera y Austria

Día 1. Múnich

Comenzamos esta fascinande ruta por Baviera y Austria en 10 días por el barrio de Lehel. Me encanta este barrio, es perfecto para estar en el centro, pero no en un sitio super caro. Yo utilicé Home Exchange, lo cual te recomiendo para viajar de forma sostenible y tener unos lugares únicos para tu experiencia.

Pasearemos primero por el barrio, bajando por el río Isar hasta las compuertas, cruzamos el puente de Maximiliano y nos asombraremos con el fastuoso parlamento de Baviera, o Maximilianeum.

Pasamos a continuación al centro por Maximilianstraße, la calle más cara de Alemania. La primera parte tiene edificios monumentales, como el museo de los 5 Continentes (incluido en la Múnich City Pass) y la sede del gobierno de la Alta Baviera.

👉 Consejo de mapache: hazte con la Múnich City Pass para tu estancia en la ciudad. No solo están incluidos los monumentos más importantes (y menos también) de la ciudad, sino que incluye todo el transporte público, lo cual es un ahorro considerable.

Lleguamos al centro, a la Max-Joseph-Platz, con su imponente ópera y la Residencia de los gobernadores de Baviera. Es una pasada, uno de mis lugares favoritos de esta ruta por Baviera y Austria en 10 días (también incluida en la Munich City Pass).

Hacemos una parada técnica para comer en Hofbräuhaus, la cervecería real de Múnich. Te recomiendo un codillo típico y disfrutar de la música bávara en directo. Sí, es una turistada, pero sigue manteniendo el espíritu original.

Con la panza llena, seguimos paseando por el centro, visitando la iglesia del Espíritu Santo (gratuita), el antiguo Ayuntamiento (hoy Museo del Juguete) y el nuevo Ayuntamiento (gratuito también). No hay que perderse sus galerías.

A las 17 horas toca esperar al carillón en la mítica Marienplatz para esperar el carillón y, después, subir a una de las torres de la Catedral, incluido también en la Múnich City Pass. Las vistas son impresionantes.

Nos acercamos a continuación a la Asamkirche, o iglesia de San Juan Nepomuceno, es el templo más barroco de Alemania, pero sorprendentemente pasa desapercibida para los turistas. La entrada es gratuita.

Llegamos a uno de los extremos del centro de Múnich y nos encontramos con la Sendlingtor, una de las fastuosas puertas de la antigua muralla. Y volvemos a meternos en todo el meollo en el Viktualienmarkt, el mercado más famoso de Múnich, ofrece una gran variedad de puestos. Los puestos de queso me encantaron. Disfrutamos de una cerveza en el Biergarten y visitamos un puestecito de pepinillos y especias centenario.

Volvemos a nuestro barrio, a Leher y pasamos por las traseras de la iglesia de San Pedro, que estan siempre llenas de vida.

Cenamos en este primer día de nuestra ruta por Baviera y Austria en 10 días en el restaurante Liebighof, donde disfrutamos de una ensalada y un schnitzel enorme. La dueña del restaurante es una figura muy conocida.

Día 2. Múnich

Comenzamos el segundo día de la ruta por Baviera y Austria en 10 días, tomando fuerzas desayunado en el Café Morso, donde sirven un café excelente, el mejor que prové en Múnich.

Aquí te voy a dar dos opciones, incluidas ambas en la Múnich City Pass. Yo visité el Allianz Arena, al cual se llega en 30 minutos en metro, ya que el exterior me parece fascinante. A mí no me gusta el fútbol, pero este estadio merece la pena verlo. Si no te apetece, puedes visitar el BMW Welt y el BMW Museum.

De vuelta al centro, vamos a visitar el museo judío. La exposición sobre los recuerdos de la tercera generación del Holocausto creó una atmósfera tensa, con vigilantes muy atentos. La nueva sinagoga, situada al lado, estaba cerrada.

En el museo de la ciudad, que se encuentra al lado, merece la pena también, vimos una exposición muy interesante sobre la desigualdad, la pobreza y la lucha LGBT. La entrada es gratuita.

Paseamos ahora hasta Karlsplatz, en un paseo en el que se pueden admirar típicas casitas alemanas como la Hundskugel. Karlsplatz es uno de los puntos neurálgicos de Múnich, con su imponente Karlstor (o puerta de Carlos). Nuestro objetivo del paseo es llegar hasta la Königsplatz (magnífico centro del neoclasicismo y -por desgracia- fetiche del nazismo), en el camino atravesaremos el jardín botánico y monumentos gigantes como los tribunales de justicia de Múnich y Baviera.

La Königszplatz se encuentra presidida por el Propyläen (la puerta de Brandenburgo de aquí), la Glyptothek y el museo de antigüedades. De entre todos los museos incluidos en la Múnich City Pass vamos a visita la Glyptothek, un museo que alberga esculturas griegas y romanas. El Fauno Borracho es una obra que destaca. Una grata sorpresa fue el Biergarten Tunix Open Air, un animado local con un ambiente estudiantil justo detrás de la Glyptothek. También hay conciertos. Fue una experiencia muy chula.

Regresamos a Karlsplatz y tomamos un breve paseo en el autobús turístico incluido en la Múnich City Pass. Desde el bus conocimos el museo nacional bávaro, la puerta del Isar y el Ángel de la Paz, entre otros lugares que nos habíamos perdido.

A continuación vamos a ir en tranvía a Schloss Nymphenburg. Antes de entrar, nos refrescamos en el Wirtsgarten, un encantador restaurante con terraza.

Los jardines de Schloss Nymphenburg son impresionantes. Era la residencia de verano de los reyes de Baviera. El salón principal es realmente impresionante, y hay salas adornadas con pinturas de las mujeres más bellas de Baviera. Aquí nació el rey Luis II, mi ídolo de la historia bávara y una de las figuras LGBT que más me llaman la atención. Paseamos por los jardines traseros, que son aún más grandiosos que los de Versalles. Incluso hay una góndola para dar paseos.

También visitamos el palacete de caza Amelienburg, una joya rococó que nos sorprendió gratamente. Desde fuera no parece gran cosa, pero por dentro es una maravilla.

Desde allí, son unos 40 minutos hasta el barrio alternativo de Werksviertel. Allí, subimos a la noria de Umamud y disfrutamos de unas vistas espectaculares al atardecer. Caminamos de vuelta por Rosenhaimer Strasse. Si tienes la oportunidad, tómate una cerveza en el Dachgartem auf dem Gasteig, pero cuando pasamos nosotros estaba demasiado concurrido.

Para la cena te recomiendo en Wienerplatz, el Biergarten del Hofbräukeller. Plato recomendado: unas buenas salchichas de Franconia.

Día 3. Núremberg (excursión en nuestra ruta por Baviera y Austra en 10 día)

La tercera jornada vamos a acercarnos a conocer la preciosa ciudad de Núremberg. Para nuestar ruta lo haremos yendo y viniendo de Múnich en el mismo día. Tienes dos opciones: en trenes regionales o en ICE (algo parecido al AVE español), para aprovechar más el tiempo vamos a tomar el ICE que tarda apenas una hora en cubrir la distancia entre ambas urbes bávaras.

La estación de Núremberg (que es impresionante, por cierto) se encuentra al borde sur del casco antiguo y llegamos a la magia de la historia cruzando la muralla por la Frauentor.

Recorremos las encantadoras callecitas medievales del Handwerkerhof, pasando luego a la calle comercial de Königstrasse. En la misma calle se encuentra la taberna Mauthalle, con más de 100 años de antigüedad. La plaza de San Lorenzo alberga la iglesia de homónima, considerada la más hermosa de Núremberg. En frente justo Nassauer Haus, la casa más antigua de la ciudad.

Cruzamos el río Pegnitz por el puente del Museo. A la izquierda se encuentra el puente de la Carne, una réplica del Rialto de Venecia. A la derecha se encuentra el hospital del Espíritu Santo.

En la plaza principal, Hauptmarkt, tomamos un café y admiramos la Schoner Brunner, o fuente hermosa, con forma piramidal.

La iglesia de Nuestra Señora, la iglesia principal de la ciudad, cuenta con un carillón que suena a las 12:00 h.

En Theresienplatz, hicimos un desvío para explorar lugares menos concurridos. Visitamos la iglesia de San Egidien. Sieben Zielen, que significa “siete hileras”, es una pintoresca zona con siete hileras de casas de tejedores.

El castillo imperial de Nuremberg, el más importante del Sacro Imperio Romano Germánico, es enorm ey tiene varias zonas diferentes. Bajamos a continuación a la plaza de Tiergärtnertor, uno de los rincones más míticos de la ciudad. Aquí se encuentran las casas de Durero y Pilatos, además de la estatua feísima del conejo de Durero.

El lienzo más largo de la muralla es Neutormauer es una muralla impresionante, pero no fuismos capaces subir a ella. Gajes del oficio

Vamos a almorzar, volviendo ae la plaza de Tiergärtnertor en Augustiner Zur Schranke. Probamos el Maximatorkäs, un queso untable (obtzder en bávaro) y la salchicha “Blaue ZibbfI” cocida en vino, un plato típico de Núremberg.

Bajamos por Bergstrasse hasta la iglesia de San Sebaldo, donde vimos el ábside delantero y la cerda de los judíos.

Weißgerbergasse, considerada la calle más bonita de Núremberg, cuenta con fachadas típicas preciosas, una de ellas dorada. Seguimos por el puente colgante de Kettensteg, obtienendo una maravillosa vistass desde el puente Max. 

Se acerca el final nuestra visita a la ciudad de Núrember y pasamos a la isla de Trödelmarktinsel por el puente de madera Henkersteg. Es una isla llena de bares y tiendecitas.

Y de nuevo pasamos a la zona sur. En la úlitma hora de la tarde, antes de coger el tren de Múnich de vuelta, vamos a pasar por Ludwigplatz, con la Torre Blanca y la estatua de las aventuras y desventuras del matrimonio. 

Por detrás, aparece como por parte de magia la sorprendente parroquia católica de Santa Isabel, neoclasica y circular. Y enfrente, la iglesia de Santiago oSan Jacobo, de donde parte el camino a Santiago desde Nuremberg. No soy muy de museos, pero puedes pasar por el Museo Nacional Germánico, con las columnas de los derechos humanos en muchos idiomas y las placas de calles de Berlín Este. 

Acércate a admirar la Ópera antes de emprender el camino a Múnich de vuelta.

Día 4. Excursión a Neuschwanstein y Linderhof

Hoy vamos a dedicar el día a una de las excursiones más míticas desde Múnich: el castillo de Neuschwanstein, el sueño de princesas de Luis II de Baviera. Para esta excursión utilicé Civitatis, ya que no teníamos coche y queríamos aprovechar al máximo eli tiempo. Lo suyo es salir pronto porque el trayecto desde Múnich es de algo menos de dos horas y conviene llegar con tiempo para disfrutar de las vistas sin aglomeraciones.

Una vez en la zona, toca caminar. Desde el aparcamiento hasta el castillo hay un sendero de unos 1,5 kilómetros, cuesta arriba pero muy llevadero. Se atraviesa un bosque precioso y, de pronto, aparece la silueta del castillo más fotografiado del mundo, colgado literalmente en la montaña. Seguimos caminando hasta el famoso puente de María (Marienbrücke), que ofrece la panorámica más espectacular de Neuschwanstein. Merece muchísimo la pena llegar temprano para disfrutarlo con calma y sin demasiada gente.

La visita al interior del castillo dura unos 40 minutos, y se realiza con audioguía en español. Dentro no se pueden hacer fotos, algo que no entiendo muy bien. Las salas son absolutamente fantásticas, con decoraciones inspiradas en las óperas de Wagner (en especial los Nibelungos), en escenas medievales y en el mundo de la fantasía germánica.

Tras la visita, bajamos de nuevo hacia la zona del aparcamiento y paramos a comer en uno de los restaurante del castillo, un sitio rápido y sin complicaciones.

Ponemos rumbo hacia Linderhof, siguiente parada en esta nuestra visita por los castillos de Luis II. Este menos conocido pero muy diferente. Aquí tampoco se pueden hacer fotos en el interior, pero la experiencia es muy distinta a la de Neuschwanstein. Linderhof es puro exceso rococó: estucos dorados, espejos, lámparas, tapices. Una de las estancias más curiosas es el comedor, donde la mesa sube y baja sola mediante un sistema oculto en el suelo, para que el rey pudiera cenar sin ser molestado por sirvientes.

Desde los jardines, perfectamente simétricos y cuidados al milímetro, seguimos caminando hacia uno de los caprichos más surrealistas del recorrido: la gruta de Venus. Por el camino pasamos junto al pabellón morisco, un edificio traído tal cual desde una Exposición Universal, donde Luis II se montaba sus propias fantasías orientales. La gruta, sin embargo, se lleva la palma: es una cueva artificial que mandó construir expresamente para representar una ópera de Wagner, equipada con tecnología de vanguardia para la época. Fue el primer lugar con electricidad en toda Baviera, con juegos de luces, una máquina de olas y hasta una cascada artificial. No sabría decir si es kitsch o visionario. Quizá ambas cosas a la vez.

Regresamos a Múnich por una carretera escénica que atraviesa Ettal, donde se encuentra una imponente abadía benedictina que hoy en día también funciona como hotel. Es uno de los principales destinos de esquí del país y el paisaje alpino es sencillamente espectacular.

Ya de vuelta en la ciudad, nos vamos a acercar al parque olímpico. Al atardecer está genial la visión de las estructuras futuristas construidas para los Juegos Olímpicos de 1972: el estadio, los aros olímpicos, y el famoso pirulí, la torre de comunicaciones que se ve desde medio Múnich.

Muy cerca está el museo y sede central de BMW, otro edificio de arquitectura impresionante, aunque esta vez no entramos: lo dejamos para otra ocasión.

Terminamos el día en nuestro barrio, Lehel, uno de los más tranquilos y bonitos de la ciudad. Cenamos en Tattenbach Wirtshaus & Stüberl, una taberna bávara de toda la vida. Compartimos una ensalada fresca y un buen plato de pollo asado

Día 5. Innsbruck 

Hoy dejamos Alemania por un día y cruzamos la frontera hacia Austria. Cogemos un tren temprano desde Múnich hacia Innsbruck: apenas una hora y cuarto de trayecto, y durante el camino pasamos por el imponente bastión de Kufstein, encajado entre montañas. Las vistas ya empiezan a prometer.

Dónde alojarse en Innsbruck: Saloon Greenhorn

Al llegar a Innsbruck nos instalamos en nuestro alojamiento, el Saloon Greenhorn, un apartamento precioso con detalles encantadores y muy bien situado. A un paso del casco antiguo en tranvía.

Comenzamos nuestra ruta junto al Arco del Triunfo, que tiene un aire muy italiano. Fue construido con motivo de la boda de Leopoldo II con la duquesa de Florencia, y los relieves lo recuerdan con detalle.

Subimos por la elegante Maria-Theresien-Straße, la gran arteria de Innsbruck. A un lado, el convento e iglesia de las Sirvientas de San José. A otro, los palacios barrocos de Taxis y Troyer-Spaur. Esta calle termina en una preciosa plaza desde la que se tienen unas vistas espectaculares de los Alpes nevados. En el centro, la columna de Santa Ana, y frente a ella, la iglesia del Espíritu Santo, que formaba parte de un antiguo hospital.

Giramos hacia la Herzog-Friedrich-Straße, probablemente la calle más bonita del casco antiguo. Sus fachadas de colores, los soportales, los tejados de madera… todo tiene un aire muy tirolés. Al fondo, aparece el símbolo de la ciudad: el Tejado Dorado, una balconada cubierta de 2.657 tejas de cobre doradas, mandada construir por el emperador Maximiliano I.

Aprovechamos para almorzar en el Káiser Max Restaurant, con vistas al tejado dorado. Probamos dos clásicos de la cocina tirolesa: una Kaspressknödel (albóndiga de queso) y una Speckknödel (de bacon), servidas en caldo.

Después de comer, subimos a la Stadtturm, la torre de vigilancia medieval. Desde arriba se obtiene una panorámica espectacular del casco antiguo y las montañas que rodean la ciudad por todas partes.

Seguimos por la calle Hofgasse, que nos conduce directamente al Hofburg, el palacio imperial. Aunque sus orígenes se remontan a Maximiliano I, la forma actual es obra de María Teresa. Visitamos las estancias decoradas en época de Sisi. Estuvimos a punto de perdernos al salir, el recorrido es un pequeño laberinto.

Muy cerca está la Hofkirche, la iglesia de la corte, a la que se accede desde el museo contiguo. Allí se encuentra el sarcófago monumental de Maximiliano I, rodeado por una impresionante guardia de honor de 28 estatuas de bronce de tamaño real, entre ellas Juana la Loca, Felipe el Hermoso o Fernando el Católico. Nos sorprendió también la sala plateada, dedicada al culto mariano, todo un derroche barroco.

De camino hacia el norte nos detenemos junto a la fuente de Leopoldo, donde hay todo tipo de cachivaches y objetos variopintos por los alrededores. También entramos en la iglesia de los Jesuitas, de estilo sobrio y majestuoso.

Paseamos después por los jardines de la Corte (Hofgarten), donde nos encontramos con el Palacio de la Música y un palmeral acristalado que parece sacado de otro clima. Cruzamos el río Eno por el puente Innsteg, desde donde se ve buena parte del perfil de la ciudad.

Al otro lado descubrimos un barrio más tranquilo y agradable, donde destaca la iglesia de San Nicolás, de estilo neogótico. Sirvió como catedral provisional tras la Segunda Guerra Mundial mientras se restauraba la original. Paseamos luego por la ribera del río y pasamos junto al Stadtmuseum, aunque no entramos.

De regreso al centro, exploramos la calle Pfarrgasse, llena de pequeños bares con terrazas acogedoras. Entramos finalmente en la Catedral de Santiago, imponente, de estilo barroco y con frescos preciosos. Se puede entrar libremente, pero si quieres hacer fotos hay que pagar un euro. Lo pagamos encantados.

Tomamos una cerveza al atardecer en la plaza de la columna de Santa Ana, disfrutando de la luz dorada que tiñe las fachadas. Y para cerrar el día, buscamos un lugar especial para cenar.

Acabamos en Fischerhäusl, un rinconcito encantador al lado de la catedral. Pedimos una sopa de frittata, el clásico Tiroler Gröstl (un salteado de carne y patata) y de postre unos Topfennockerln, una especie de bolas de queso fresco dulces.

Día 6. Innsbruck (y Hall in Tirol)

Hoy dedicamos el día a explorar las alturas de Innsbruck y sus alrededores. Empezamos temprano subiendo al Nordkette, la imponente cadena montañosa que se alza justo al norte de la ciudad. El billete combinado cuesta unos 50 euros, pero la experiencia bien lo merece. Las estaciones, diseñadas por Zaha Hadid, ya son una atracción en sí mismas: curvas futuristas y formas imposibles que contrastan con el entorno alpino.

El primer tramo lo hacemos en funicular hasta Hungerburg, a 860 metros de altitud. Desde allí, tomamos el primer telecabina que sube en vertical hasta Seegrube, a 1.905 metros. Nos tomamos un café en la terraza del restaurante mientras contemplamos Innsbruck a nuestros pies y el valle del Eno al fondo.

Continuamos en el segundo telecabina hasta Hafelekar, el llamado Top of Innsbruck, a 2.256 metros de altitud. Desde ahí hacemos una caminata sencilla, de unos quince minutos, hasta el Hafelekarspitze, la cima propiamente dicha, a 2.334 metros. El paisaje es impresionante: crestas escarpadas, silencio absoluto y una sensación de estar tocando el cielo.

Tras bajar de nuevo al centro, almorzamos en Speckeria, una pequeña tienda-restaurante donde probamos una tabla de embutidos ahumados del Tirol. El bacon tirolés, el lomo curado, las salchichas… todo con ese sabor intenso y ahumado que reconforta tras la montaña.

Por la tarde tomamos rumbo al Bergisel, el trampolín de saltos de esquí, también diseñado por Zaha Hadid. Subimos en funicular y luego en ascensor hasta lo alto. Las vistas desde la plataforma son espectaculares: los Alpes por un lado, la ciudad por el otro, y el recuerdo de los Juegos Olímpicos de Invierno flotando en el ambiente. Nos sentamos un rato en la cafetería panorámica para disfrutarlo con calma.

Bajamos paseando por el parque del Bergisel, donde se encuentra la Urichhaus, el monumento a Andreas Hofer —héroe tirolés de la resistencia contra Napoleón— y el Museo de los Kaiserjäger, dedicado a los regimientos tiroleses del Imperio Austrohúngaro.

Continuamos la ruta con algunas iglesias interesantes: la abadía de Stift Wilten, donde justo pillamos una ceremonia solemne de la Orden de Malta; la iglesia de San Lázaro, frente a la cual destaca una peculiar estatua de un gigante; y más adelante, la basílica de María de las Cuatro Columnas, de interior ricamente decorado y situada junto a un cementerio antiguo que invita al silencio.

A última hora de la tarde tomamos un tren hacia el este para visitar Hall in Tirol, a tan solo 10 minutos. Esta localidad fue uno de los centros económicos más importantes de la región, gracias a sus minas de sal y a su casa de la moneda, donde se acuñaban las monedas de los Habsburgo.

Recorremos primero la parte sur, donde se alza el castillo de Burg Hasegg con su antigua torre y los molinos de agua que aún suenan entre las casas. Nos detenemos en la iglesia del Espíritu Santo, sencilla pero con mucha historia.

Tomamos una cerveza en Café Birgit, un local tranquilo con terraza donde parece que el tiempo no corre. Después exploramos la parte alta del pueblo, con la iglesia de San Nicolás y sus callejones de piedra. El altar de la iglesia, curiosamente, está visiblemente torcido.

La Obere Stadtplatz es la plaza más importante, rodeada de casas nobles, y desde allí seguimos callejeando hasta Stiftplatz, donde se encuentra la monumental basílica del Sagrado Corazón de Jesús.

Cenamos en un sitio muy especial: Goldener Löwe, un restaurante tradicional con platos tiroleses. Probamos una trucha alpina, una sopa de Kaspressknödel (albóndigas de pan y queso en caldo) y, para rematar, un postre delicioso: Moosbeernocken, una especie de tortitas con arándanos silvestres.

Día 7. Por los Alpes en tren

Seguimos con nuestra ruta por Baviera y Austria en 10 días tomando un tren regional desde Innsbruck en dirección a uno de los paisajes más idílicos del país: Zell am See. Para movernos con libertad en este tramo del viaje, compramos el billete Einfach-Raus, ideal para grupos de hasta cinco personas y válido en todos los trenes regionales del país.

Parada en Zell am See

El trayecto desde Innsbruck a Zell am See dura unas 2 horas y media. El viaje en sí ya es una delicia, atravesando valles verdes, ríos y montañas de postal. Zell am See nos recibe con su encantadora iglesia y un paseo junto al lago, con sus aguas cristalinas rodeadas de montañas nevadas. Es un lugar perfecto para estirar las piernas, respirar aire puro y hacer algunas fotos antes de continuar.

Castillos de Werfen

Desde Zell am See tomamos otro tren que nos lleva a Werfen en apenas 50 minutos. La estación está algo alejada del centro, pero se puede llegar caminando en un paseo de unos 10 minutos. Hay un paso subterráneo para cruzar con seguridad.

Paramos a comer en Pizzeria und Café im Markt, en el mismo centro del pueblo. Tomamos una ensalada caprese y una pizza riquísima. El personal es encantador y, además, nos dejaron guardar las mochilas para poder visitar el castillo con comodidad.

El castillo de Werfen, uno de los más espectaculares de Austria, está a unos 15 minutos a pie del pueblo, aunque hay que tener cuidado al cruzar la carretera abierta. Merece muchísimo la pena entrar: por 17 euros tienes acceso al funicular, la entrada al castillo y una visita guiada que incluye audioguía en español. En el interior hay frescos románicos, una campana original del siglo XVII y unas vistas espectaculares del valle del Salzach. Aquí se rodaron escenas de Sonrisas y lágrimas, lo que le da un aire aún más cinematográfico.

Tras la visita, volvemos a la estación para tomar el siguiente tren para nuestra última parada del día: Salzburgo.

Noche en Salzburgo

En 50 minutos llegamos a la mágica Salzburgo, una ciudad que parece salida de un cuento. En esta primera noche, se le puede tomar el pulso a la ciudad dando un paseo por el casco antiguo. Destacando la imagen nocturna de Kollegienkirche, iluminada con su imponente silencio y la coqueta plaza del Alten Markt, que cambia 180º, comparado con la de gente que hay durante el día.

Un cierre tranquilo para una jornada intensa que nos ha llevado de los lagos de montaña a los castillos medievales, siempre enmarcados en esta inolvidable ruta por Baviera y Austria en 10 días.

Día 8. Salzburgo

En nuestra ruta por Baviera y Austria en 10 días, dedicamos el octavo día a descubrir una de las joyas de Austria: Salzburgo, la ciudad de Mozart, de fortalezas sobre peñascos y de plazas llenas de vida. Una jornada completa que combina cultura, naturaleza y gastronomía.

Comenzamos el día con un delicioso desayuno en My Mom’s Bakery, donde probamos unos bocadillos recién hechos y unos rolls dulces de manzana con canela que todavía recordamos.

Con energías renovadas, subimos a uno de los mejores miradores de la ciudad: el Kapuzinerberg. A medida que avanzamos, vamos encontrando escenas del Vía Crucis que nos conducen hasta el monasterio de los Capuchinos. Desde el mirador de Sitzbank an der Stiege se tiene una vista inmejorable del casco histórico de Salzburgo. Descendemos por las empinadas escaleras de Imbergstiege, que nos devuelven al corazón de la ciudad.

Cruzamos el río Salzach por el Staatsbrücke, un puente construido originalmente con mano de obra forzada durante el nazismo. Justo al otro lado se encuentra la casa natal de Mozart, en la famosa Getreidegasse, la calle comercial más bonita de Salzburgo, repleta de carteles de forja, fachadas pintadas y escaparates encantadores.

Entramos brevemente en la iglesia de San Blas, y salimos por la puerta de Gstättentor, con sus casas de colores pegadas a la montaña.

Tomamos el ascensor de Mönchsberg que nos lleva al barrio alto del mismo nombre. Desde allí paseamos hasta la fortaleza de Mönchsberg, y bajamos luego caminando hasta la recoleta plaza de Toscaninihof.

Visitamos también la imponente iglesia Franciscana, y nos adentramos en el complejo monástico de la Abadía de San Pedro, con un cementerio excavado en la roca que parece sacado de una novela gótica. A pocos pasos se encuentra Kapitelplatz, presidida por la famosa Bola Dorada, donde el arte moderno se mezcla con la historia barroca.

Rodeados del ambiente universitario de Salzburgo, almorzamos en la terraza de Hagenauerstuben, en la plaza de la Universidad. Nos sirvieron pretzels y salchichas que compramos en los puestos cercanos, mientras los camareros del restaurante nos facilitaron mesa y bebida con muchísima simpatía.

Después del almuerzo, nos acercamos a la plaza de Mozart y subimos en el funicular a la fortaleza de Hohensalzburg, la más impresionante de Austria. La entrada básica cuesta 15€ y la completa 18€, pero merece la pena. Nos tomamos un café en la terraza de la fortaleza disfrutando de unas vistas alucinantes.

De vuelta en el centro, nos dedicamos a deambular sin rumbo por las callejuelas. Salzburgo es de esas ciudades que se saborean lentamente, y cada rincón tiene algo especial. Volvemos a Hagenauerstuben para una cerveza antes de dar nuestro último paseo del día hasta la Kajetankirche, y terminar la jornada caminando junto al río Salzach bajo la luz del atardecer.

Salzburgo ha sido una de las paradas más completas de nuestra ruta por Baviera y Austria en 10 días, una ciudad con alma, elegancia y vistas inolvidables.

Día 9. Passau

Nos acercamos al final de nuestra ruta por Baviera y Austria en 10 días, y decidimos hacer una parada en un lugar menos conocido pero muy especial: Passau, la ciudad donde se encuentran el Danubio, el Eno y el Ilz. Una jornada tranquila pero repleta de sorpresas históricas y panorámicas únicas. Y, además de todo eso, la ciudad donde vivi 6 meses de mi vida, por lo que le tengo un gran cariño.

Llegamos desde Salzburgo en bus con FlixBus, en un trayecto cómodo de algo más de 2 horas. Es la forma más cómoda de ir de una ciudad a la otra, y la más económica. La estación nos deja cerca del casco histórico, al que accedemos por la Ludwigstraße, una de las arterias principales de la Altstadt.

Nuestro primer destino fue la iglesia de San Pedro, situada en lo alto. Llama la atención cómo se han integrado pequeños pasos laterales que permiten el paso del tráfico junto a la iglesia. Es uno de esos rinconcitos que me gustan tanto de Passau. A partir de ahí empezamos a bajar por callejones encantadores hacia el Danubio, como el de Zur Blauen Donau, especialmente bonito.

Uno de los momentos más especiales del día fue el crucero de 45 minutos por el Danubio y el Eno, que permite ver cómo las aguas de ambos ríos, de colores distintos, chocan en un curioso efecto visual. Una experiencia muy recomendable para entender la geografía única de esta ciudad.

De vuelta en tierra firme seguimos descubriendo el casco histórico. Nos detuvimos en el antiguo Ayuntamiento, que conserva una oficina de turismo y tiene en su fachada unas marcas con los niveles alcanzados por las peores inundaciones que ha sufrido la ciudad.

En la plaza de la residencia visitamos el palacio Episcopal, con unos interiores sorprendentemente italianizantes y fastuosos. Y justo al lado se encuentra la catedral de San Esteban, que alberga el que dicen es el órgano más grande del mundo fuera de Estados Unidos. En la Domplatz, la gran plaza frente al templo, se alza un monumento a Maximiliano I.

Paramos a almorzar en Königlich Bayrisch, un restaurante muy bien ubicado junto al río. Allí probamos las clásicas salchichas blancas bávaras, una ensalada fresca y un excelente Apfelstrudel.

Después del almuerzo subimos a la fortaleza de Oberhaus, situada en la colina opuesta al casco antiguo. Se puede subir andando, pero también hay una lanzadera cada 30 minutos desde la plaza del ayuntamiento. Desde lo alto se disfruta de una vista increíble del encuentro de los tres ríos con sus tres colores diferentes, y en la propia fortaleza visitamos el museo medieval, la Capilla de San Pedro y la torre de observación.

Bajamos de la fortaleza por las escaleras de Luis, que deben su nombre al rey Luis de Baviera, y cruzamos el puente de Luitpold para llegar hasta la confluencia exacta de los tres ríos. Un lugar mágico. Allí también se encuentra el baluarte de Schaiblingsturm, una torre defensiva con vistas privilegiadas.

Disfrutamos de un café a orillas del Danubio, y aprovechamos para comprar algún recuerdo en la coqueta tienda Bunter Winkel. Aún nos quedaba tiempo para seguir explorando: cruzamos el río Eno para pasear por Innstadt, un barrio tranquilo con encanto.

Como último lugar de visita en Passau, y en nuestra Ruta de 10 días por Baviera y Austria, vamos a ver las las escaleras de penitencia, algo crípticas y kitsch, que llevan hasta la iglesia de María Auxiliadora.

De vuelta al centro, terminamos el día con una cena original en Kranabith, un restaurante que mezcla platos tradicionales alemanes con cocina de Oriente Medio. Una combinación sorprendente y muy rica que puso el broche final a nuestro día en Passau.

Día 10. Vuelta. De Passau al aeropuerto de Múnich.

Si hay algo que me gusta de Alemania es que cuenta con millones de conexiones ferroviarias y desde Passau se puede ir al aeropuerto de Múnich sin tener que pasar por el centro de la ciudad. Así que fue perfecto para cerrar el ‘círculo’ de esta ruta de 10 días por Baviera y Austria.

¿Quieres incluir más puntos de visita?

Si quieres visitar más en el sur de Alemania y/o Austria, te dejo aquí varias ideas:

Código ético de Ruta de 10 días por Baviera y Austria

Para esta ruta de 10 días por Estonia, Letonia y Lituania conté con la colaboración del Saloon Greenhorn y la Oficina de Turismo de Múnich Si bien pude disfrutar de sus servicios, ni el apartamento ni la oficina participó en la redacción de los contenidos y están basados 100% en mi experiencia real.

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