Madeira tiene la trampa de parecer pequeña. Vuelas dos horas y media desde Espas, aterrizas en una isla de 57 kilómetros de largo y piensas que en una semana la dominas. Luego aparecen las curvas, los túneles, las cascadas cayendo sobre la carretera, las montañas con nubes colgadas y los pueblos marineros que no salen en ningún cartel de aeropuerto. Y te das cuenta de que Madeira tiene más isla de la que promete el mapa.
Esta ruta por Madeira en 7 días cubre Funchal, Monte, el noroeste, Pico do Areeiro, Santana, Porto da Cruz, Ponta de São Lourenço, la costa sur, Curral das Freiras, Calheta y varios pueblos del oeste. Hice base en Funchal toda la semana: ciudad, excursión en jeep para el noroeste, coche de alquiler para el resto y una mañana en el mar buscando cetáceos.
Las distancias parecen cortas hasta que las conduces. De un extremo al otro son 57 kilómetros, pero las curvas, los desniveles y las paradas que no tenías previstas mandan bastante más que Google Maps.
En este post encontrarás:
Consejos para organizar una ruta por Madeira en 7 días
Funchal es la base lógica. Tiene la mejor oferta de alojamiento, restaurantes, el puerto, el teleférico y salida rápida hacia cualquier zona de la isla.
Para el noroeste, una excursión en jeep funciona mejor que el coche propio: las carreteras son intensas, los conductores locales las conocen y uno puede mirar el paisaje sin preocupaciones. Para el resto de la isla, el coche de alquiler da mucha más libertad.
Vale la pena revisar el estado de los senderos antes de salir. Algunas levadas famosas exigen buena forma física, reserva previa y pago de tasa. Y el tiempo en Madeira cambia rápido, especialmente en zonas altas como Pico do Areeiro o Pico Ruivo: sol en Funchal no garantiza nada a 1.800 metros.
En esta ruta, no hay grandes caminatas, pero siempre pueden incluirse a cambio -eso sí- de reducir parajes que visitar.
Itinerario por Madeira en 7 días: resumen rápido
| Día | Zona | Paradas principales |
|---|---|---|
| 1 | Funchal | Llegada, paseo nocturno por el centro |
| 2 | Funchal y Monte | Mercado dos Lavradores, teleférico, Monte Palace, Igreja de Nossa Senhora do Monte, Zona Velha, Catedral, Jardín Municipal |
| 3 | Noroeste (jeep) | Levada do Norte, Bosque de Fanal, Serra de Paul da Serra, Ribeira da Janela, Porto Moniz, Seixal |
| 4 | Interior y costa norte | Pico do Areeiro, Pico Ruivo, Ribeiro Frio, Santana, Porto da Cruz, Ponta de São Lourenço |
| 5 | Costa sur | Câmara de Lobos, Cabo Girão, Cascata dos Anjos, Madalena do Mar |
| 6 | Interior | Mirador Eira do Serrado, Curral das Freiras |
| 7 | Costa oeste | Excursión cetáceos desde Calheta, Ponta do Pargo, Paul do Mar, Jardim do Mar |
Mapa de localización: Ruta por Madeira en 7 días
Que ver en Madeira en 7 días: la ruta
Día 1. Llegada a Funchal

El primer día planifícalo corto a propósito. Aterrizar, dejar las cosas e ir a ver cómo respira la ciudad de noche. Funchal no necesita itinerario para la primera tarde: calles con vida, terrazas abiertas, el mar al fondo y un sensación de ciudad atlántica típica de la Macaronesia.
Si llegas algo más tarde, te recomiendo el Regiões House, que tiene un horario más amplico y viene perfecto para aterrizar sin complicaciones. Buena selección de vinos, tabla de quesos y embutidos bien presentada. Exactamente lo que uno quiere después de un vuelo.
Día 2. Funchal y Monte
El día grande de Funchal. Empezamos por la Igreja do Carmo, pequeña y coqueta, y seguimos por la Rua do Seminário, una calle comercial con solera donde la ciudad se nota más cotidiana que turística.

Después, el Mercado dos Lavradores. Mejor ir por la mañana, cuando la zona del pescado tiene más movimiento. Fíjate en los los azulejos con escenas del mercado y el ambiente general, aunque conviene ir con el radar activado: hay parte de mercado real, parte de postal y parte de souvenir con precio de visitante bienvenido.
Desde allí subimos en el teleférico a Monte. Uno de los más impresionantes que he hecho: 3.200 metros de recorrido, 560 metros de desnivel y unas vistas de Funchal cayendo hacia el Atlántico que justifican el billete de sobra.

Arriba, el Monte Palace Madeira Tropical Garden fue uno de los grandes momentos del viaje. Es enorme, exuberante y un punto teatral, con jardines asiáticos, azulejos históricos, piezas de arte, portales góticos, flamencos, carpas koi, pavos reales, cisnes, orquídeas y flora local. Tiene ese punto kitsch que a mí, como mapache, me encanta, me ‘güerve loco’.
🦝 Momento mapache: los flamencos del Monte Palace llevan una vida claramente mejor que la mayoría.

Muy cerca está la Igreja de Nossa Senhora do Monte, con vistas increíbles y una curiosidad histórica potente: allí está enterrado Carlos I, el último emperador de Austria-Hungría, que murió exiliado en Madeira en 1922. Intentamos bajar en los Carreiros do Monte, los famosos trineos de mimbre, pero el precio y una cola considerable nos convencieron de bajarnos mentalmente antes de subirnos.
De vuelta abajo, paseamos por la Zona Velha: la Rua de Santa Maria con sus puertas pintadas, la Capela de Santa Maria, el Largo do Corpo Santo y el Forte de São Tiago, con ese amarillo albero que queda bien en cualquier foto.
Almorzamos en Realmar, frente al teleférico. Bolo do caco, ensalada de pulpo, espada con plátano y maracuyá, sardinas. Nada pretencioso, muy práctico y con comida madeirense para seguir el día sin buscar más.

Por la tarde, zona oeste del centro: Praça Amarela, la Catedral de Funchal (merece entrar con calma: tiene un artesonado mudéjar precioso y fue sede de una diócesis que llegó a considerarse la más extensa del mundo), la Avenida Arriaga, el edificio del Banco de Portugal, el Jardín Municipal con sus jacarandas en flor, el Parque de Santa Catarina lleno de lagartijas y la Marina do Funchal. También la Praça do Município y el Colégio dos Jesuítas, probablemente el templo que más me gustó de toda la ciudad.

La cena fue en Bela 5 Snack Bar, picado misto y poncha incluida. Después tomamos más ponchas en Rei da Poncha, con terraza y una carta de sabores larga. El cierre, copas en Lust Vintage, también con terraza, en la Zona Velha.
Día 3. Noroeste de Madeira en jeep

Para el noroeste, el jeep encajó de maravilla. Se ven muchos sitios, se entra por carreteras que en coche propio generan respeto, y uno puede mirar el paisaje sin estar calculando el ángulo de cada curva.
Pasamos por la Igreja de São Martinho, hicimos una parada para café y seguimos hasta la Capela de Nossa Senhora de Fátima, con vistas al valle de São Vicente. La isla se ponía más verde, más húmeda y más abrupta según avanzábamos.

Hicimos un tramo corto de la Levada do Norte, suficiente para entender por qué las levadas son el alma caminable de Madeira sin meternos en una ruta larga. Después llegaron los miradores: Miradouro do Fanal-Chão da Ribeira, Estanquinhos y la Serra de Paul da Serra, con esa meseta alta que corta el ritmo visual de la isla.

El bosque de Fanal es uno de los destinos más codiciados de la isla. Árboles de laurisilva retorcidos, ambiente antiguo, y el lugar por excelencia para ver con niebla (que yo vi con sol).
🦝 Consejo de mapache: si queires menos turistas, acércate a ver el bosque a la laguna volcánica de Fanal: pequeña y sin casi gente.
La ruta bajó hacia Ribeira da Janela, con vistas al perfil rocoso conocido como el Dedo de Dios, y después a Porto Moniz, donde están las piscinas naturales de lava más famosas de la isla. Las vistas al Ilhéu Mole son muy buenas, aunque Porto Moniz se nota concurrido. Para bañarse con más calma, me gustó bastante más Seixal.
🦝 Momento mapache: almorzamos en Casa de Pasto Justiniano, en Chão da Ribeira. Espetada de ternera, espetada de pollo y, de postre, espetada de piña, uno de mis postres favoritos desde ya.
En Seixal, las piscinas naturales costaban 2,50 euros cuando fuimos, mucho menos ajetreo que en Porto Moniz y mejor para quedarse un rato. En la carretera del norte paramos para observar de cerca la cascada de Córrego da Furna, con un pequeño paseo muy agradable desde la orilla de la carretera.

La última parada fue Poncha de São Vicente, donde la preparan fresca y se puede ver el proceso. De noche, ya en Funchal, cenamos en Madeira Tropical Bar: barato, con un encargado encantador y un prego con el pan tradicional de Madeira que no pedí por último capricho sino porque estaba muy bueno.
Día 4. Pico do Areeiro, Santana, Porto da Cruz y Ponta de São Lourenço

El día más completo del itinerario. Coche de alquiler desde Funchal y subida hacia Pico do Areeiro, con parada previa en el Miradouro da Negra. El camino ya es parte del plan: curvas, altura, vegetación que va cambiando y esa sensación de que Madeira siempre tiene una vista mejor reservada detrás de la siguiente curva.
Desde Pico do Areeiro sale la ruta hacia Pico Ruivo, el punto más alto de Madeira con 1.862 metros. Es una caminata exigente que pide preparación. Nosotros no hicimos el recorrido completo, pero sí disfrutamos de una caminata corta y de las vistas desde arriba, que son de las mejores de la isla. Hay también un observatorio del ejército del aire.
Bajamos hacia Ribeiro Frio, aunque la zona estaba a reventar de coches y no nos quedamos mucho. Es una zona con varios miradores y accesos a levadas, pero hay días en Madeira en que aparcar se convierte en deporte de contacto.


La bajada hacia Santana ya en la costa norte es espectacular. Las casas tradicionales de colores son la parada clásica, aunque el pueblo gana cuando uno se aleja un poco de las más fotografiadas y lo mira con menos prisa.
Almorzamos en O Terraço, con un bacalhau con broa de milho que no necesita adjetivos: estaba muy bueno y punto.
Seguimos hacia Porto da Cruz, un pueblecito con mucho encanto, bahía preciosa y vistas al Ilhéu de Porto da Cruz. Bajamos a la playa y dimos la vuelta al Pico do Fortim, una parada sencilla con recompensa visual inmediata.

El final del día fue en Ponta de São Lourenço, el punto más oriental de Madeira. El paisaje cambia por completo respecto al resto de la isla: menos verde, más roca, viento y acantilados. La ruta completa es larga, pero llegar hasta el Miradouro de São Lourenço ya da una imagen muy buena de los islotes y los colores del extremo este.
Día 5. Costa sur de Madeira

Empezamos por Câmara de Lobos, un pueblo entrañable con bahía de pescadores, faro y calles como el Caminho do Ilhéu que justifican la parada. Churchill lo eligió para retirarse a pintar durante su estancia en Madeira, lo que dice algo del sitio.
Comimos en Minerva, una antigua tienda de ultramarinos con vistas a la bahía. La berenjena asada estaba muy buena, la sande de espada también. El lugar tiene gracia, tiene historia y no se pone solemne con ninguna de las dos cosas.

Después, Cabo Girão. La plataforma acristalada está a unos 580 metros sobre el mar y no la recomiendo a quienes tengan vértigo de los que se manifiestan con risa nerviosa. La entrada para mayores de 12 años está fijada en 5 euros.

La siguiente parada fue la Cascata dos Anjos. Se llega pasando por unos túneles antiguos muy chulos y la cascada cae directamente sobre un tramo de calzada cerrado al tráfico. Es una de esas imágenes muy Madeira: agua, roca, carretera vieja y foto inevitable.

Terminamos en Madalena do Mar, un pueblecito junto a un barranco profundo, ideal para tomarse una poncha mirando el Atlántico en A Taberna.
Por la noche fuimos a la zona de Lido, en Funchal, a tomar ponchas en Lido’s Tavern, muy populares en esa parte de la ciudad.
Día 6. Eira do Serrado y Curral das Freiras

Día más tranquilo, de interior. Subimos al Mirador Eira do Serrado, a 1.096 metros, con vistas sobre Curral das Freiras que paran el paso. Montañas enormes, valle profundo, el pueblo encajado al fondo como si Madeira hubiera decidido esconderlo a propósito.
🦝 Alerta mapache: solo asomarse al mirador ya vale el viaje al interior. Si el día está despejado, el paisaje desde aquí es de los mejores de toda la isla.
Bajamos a Curral das Freiras, en lo más profundo del valle. Iglesia bonita, calles tranquilas y buen lugar para pasear sin prisa. Tomamos algo en Vale das Freiras antes de volver.

Por la noche cenamos en O Regional, en Funchal. Las almejas estaban muy buenas. Buen cierre para un día más corto, de esos que vienen bien cuando la isla ya lleva varios días poniéndote a prueba con curvas, teleféricos y miradores.
Día 7. Cetáceos, Ponta do Pargo y pueblos del oeste

El último día empezó en el mar. Salimos desde el puertecito de Calheta con H2O Madeira para ver cetáceos. Vimos varios tipos de delfines, aunque no tuvimos suerte con ballenas. El equipo lo hizo muy bien y la experiencia mereció la pena sin reservas.

Después fuimos a Ponta do Pargo, con su faro y su sensación de borde del mundo. Es el punto más occidental de Madeira y tiene ese aire atlántico que le pega bien al final de un viaje.

La siguiente parada fue Paul do Mar, un pueblo costero pequeño en un entorno brutal. Paseamos por la iglesia, el Miradouro Largo Dr. João Maurício y el paseo marítimo. Almorzamos en Bar da Lapa, donde por fin probamos las lapas. En un pueblo pegado al mar, el sitio obvio para hacerlo.

El cierre fue Jardim do Mar: otro pueblo pequeño y cuidado, con iglesia, paseo marítimo, jardines y huertos llenos de bananos. Tranquilo, verde, con el Atlántico delante. Una buena manera de acabar una semana en la que Madeira no paró de guardar rincones hasta el último día.
Dónde comer en Madeira
Regiões House – Bar de Vinhos / Tapas

📍 Rua Direita, 23-25, 9050-450 Funchal Buena opción para cenar tarde el día de llegada. Vinos, quesos y embutidos bien seleccionados.
Realmar

📍 Rua Dom Carlos I, 36, 9060-051 Funchal Restaurante práctico frente al teleférico. Bolo do caco, pulpo, sardinas y espada con plátano son las apuestas seguras.
Bela 5 Snack Bar

📍 Rua Bela São Tiago, 5A, 9060-291 Funchal Sencillo y sin pretensiones. Picado misto, poncha y precio honesto.
Casa de Pasto Justiniano


📍 Sítio Chão da Ribeira, Seixal, 9270-000 Porto Moniz El mejor sitio para comer espetada en un entorno verde y rural. No hay muchos argumentos en contra de la espetada de piña de postre.
Madeira Tropical Bar

📍 Rua dos Tanoeiros, 10, 9000-057 Funchal Barato, trato muy bueno y un prego con pan tradicional de Madeira que repite.
O Terraço Restaurante & Bar

📍 Rua do Til, 1, 9230-112 Santana Buena parada para comer después de las casas tradicionales. El bacalhau con broa de milho es el plato que pedir.
Minerva Mercearia Criativa

📍 Rua da Administração, 20, 9300-132 Câmara de Lobos Antigua tienda de ultramarinos con vistas a la bahía. La berenjena asada y la sande de espada no decepcionan. Las vistas a la bahía, tampoco.
O Regional

📍 Rua Dom Carlos I, 54 / Rua de Santa Maria, 148, 9060-051 Funchal Cocina madeirense sin artificios. Las almejas son una apuesta segura.
Bar da Lapa

📍 Rua do Cais, 8, Paul do Mar, 9370-510 Calheta El sitio para probar lapas. Junto al mar, en un pueblo de pescadores. Sin más preguntas.
Dónde tomar algo en Madeira
Rei da Poncha
📍 Rampa do Cidrão, 147, São Martinho, 9000-059 Funchal Terraza agradable y carta larga de ponchas por sabores. Una parada casi obligada.
Lido’s Tavern
📍 Edifício Lido View II, Estrada Monumental, São Martinho, 9000-100 Funchal Ponchas populares y ambiente animado en la zona de Lido.
A Taberna
📍 VE3, 108, Madalena do Mar Para una poncha frente al mar, sin más complicaciones.
Poncha de São Vicente
📍 Estrada João Abel de Freitas, São Vicente Poncha fresca y con proceso visible. Buena parada en el recorrido por el norte.
Bares gay en Madeira
Lust Vintage

📍 Rua de Santa Maria, 23, 9060-291 Funchal. Bar gay en la Zona Velha con terraza. Bar de ambiente LGBT que se llena los findes, y tiene espectáculo drag los viernes.
Ruta por Madeira en 7 días: resumen
Un día fuerte en Funchal y Monte, una jornada por el noroeste en jeep, otra de montaña y costa norte, un día por la costa sur, una escapada al interior y un cierre con cetáceos y pueblos del oeste. El itinerario permite ver los lugares más conocidos: Pico do Areeiro, Monte Palace, Cabo Girão, Câmara de Lobos, Ponta de São Lourenço, Porto Moniz, sin renunciar a los sitios con más calma: Seixal, Chão da Ribeira, Madalena do Mar, Paul do Mar, Jardim do Mar.
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