Una escapada de 2 días en Marrakech

A un ritmo frenético, y casi sin darme cuenta, me encontraba zigzagueando a velocidad terminal por las serpenteantes callejuelas de la medina de Marrakech. Corriendo a paso ligero mientras intentaba no ser arrollado por el vivo tráfico marrakchí, mi cerebro no dejaba de pensar en qué demonios se me había perdido en aquella ciudad que parecía querer absorberme a cada paso que daba.

Esta sensación de estrés -mochila a cuestas- se desvaneció por completo al entrar a nuestro riad. El pequeño oasis de calma en el que me alojaría -y la muestra de las buenas maneras con los que los marroquíes reciben a los visitantes- cambió por completo aquella primera -no tan buena- impresión de Marrakech.

No nos podemos llevar a engaño: Marruecos es distinto a todo. Muy distinto. La primera toma de contacto puede ser nefasta, pero en poco tiempo, y una vez nos hacemos a la ciudad, la experiencia de disfrutar de una pequeña escapada a Marrakech merece -y mucho- la pena. De la bulliciosa Jemaa El Fna al espejismo botánico de los jardines Majorelle, la gran ciudad de Marrakech ofrece multitud de facetas para atraparnos y no dejarnos escapar.

Dos jornadas es, quizá, una visita acertada a la ciudad, tanto si es tu único punto para visitar en Marruecos, como si la utilizas como base para explorar más el país africano. Si quieres aprovechar al máximo el tiempo y no perderte nada de la ciudad de los almorávides y almohades, no pierdas detalle de este post en el que te describiré qué ver y qué hacer en dos días en Marrakech.

La llegada a Marrakech

llegada a marruecos

El aeropuerto de Marrakech se encuentra a unos 10 kilómetros del centro de la ciudad. Actualmente se está construyendo una macro nueva terminal que tiene vistas de duplicar la capacidad actual del aeropuerto. Las obras son una constante en todo Marrakech: plazas, calles, monumentos: taladradoras y radiales forman parte de la gama de sonidos marrakchíes. Sin duda alguna, Marrakech se está moviendo.

Es recomendable que, previo a tu visita a Marrakech, conciertes con tu alojamiento un servicio de recogida en el aeropuerto. Te ahorrarás así los dimes y diretes del primer regateo con los taxis locales y no suele costar más de 15 euros, por lo que si viajáis varios saldrá incluso más barato que un taxi normal. Si tu alojamiento se encuentra en lo más profundo de la medina, es posible que el último tramo te toque hacerlo a pie por las sinuosas calles de la medina. Toda una primera toma de contacto con la ciudad.

Día 1. Mañana. Jemaa El Fna y el centro de la medina

plaza jemaa el fna

Eje central de la vida laboral y ociosa de la urbe marroquí, la plaza de Jemaa El Fna (جامع الفناء , también transcrita como Djemaa El Fna, Yamaa el Fna y un sinfin de variedades más) es el punto inicial para tomar el pulso a la ciudad. Sus encantadores de cobras, sus pedigüeños vestidos en trajes regionales bereberes y sus señores jugando a pescar botellas de cocacola amenizan el transcurrir de la plaza. Desde aquí es fácil llegar a pie a los distintos puntos de interés de la ciudad y, al ser el centro neurálgico de la misma, tendrás la oportunidad de pasar por ella de nuevo en más de otra ocasión. Son especialmente llamativos los coloridos puestos de especias y de venta de zumos que se reparten por la plaza y que intentan atraer tu atención mediante “hellos”, “hallos” y “holas”. Los marroquíes son sin duda políglotas por naturaleza.

llegada a marrakech

A poca distancia de la plaza, la mezquita Kutubia se erige como torre vigía sobre la ciudad. Es hermana gemela de la Giralda sevillana y guarda clara similitud con su pariente del norte. La mezquita no es visitable pero aneja a la misma se encuentra una explanada por la que pasearte y en cuyo subsuelo se organizan exposiciones culturales. En marzo de 2016 se proyectaban varios documentales de la sexta bienal de Marrakech Quoi de neuf là – Not New Now – لا جديد الآن .  

Volviendo a Jemaa El Fna, y bordeándola por el este y noreste, el gran zoco de Marrakech te espera con sus tiendecitas donde volverte loco comprando -o no comprando nada, si te de pareza el regateo-. Prepárate para recorrer callejuelas y callejuelas de tiendas en los que encontrar de todos los productos imaginables: babuchas, telas, móviles, especias, calderería, tintes para el pelo. Lo que necesites, vaya. El mercado está bien señalizado y en todas las callecitas encuentras indicadores marcándote, bien la plaza de Jemaa El Fna, bien las puertas exteriores de la medina o babs.

medersa ben youssef

Según nos alejamos de la plaza hacia el norte, y siguiendo un itinerario todo lo recto que las calles de la medina nos dejen seguir llegaremos a la madraza (o medersa) Ben Youssef. Esta antigua universidad islámica fue fundada en el siglo XIV y albergaba en su día a 800 estudiantes coránicos. Se pueden apreciar hoy en día las pequeñas -muy pequeñas- habitaciones donde vivían aquellos jóvenes musulmanes que atendían los rezos en la misma. Sus paredes son profusas en decoraciones de azulejos similares a las de la Alhambra y cuyos ejemplos podemos encontrar en otros monumentos de la ciudad.

Si has ido rápido y te sobra tiempo, a pocos metros de la madraza Ben Youssef se encuentra la Maison de la photographie de Marrakech, un interesante recorrido por la historia de Marruecos a través de la fotografía, haciendo especial hincapié en el pueblo bereber, oriundo del Atlas.

Día 1. Tarde. El jardín Majorelle

jardin majorelle

Situado fuera de la medina en dirección norte, se encuentra el punto de interés más sorprendente de la ciudad: el jardín Majorelle. Se puede llegar caminando, aunque la distancia es algo considerable. Pero desde el centro podrás atravesar interesantes zocos menos turísticos, como el de la Rue el Gza, y ver una parte nueva de la ciudad.

El jardín Majorelle tiene un precio de 70 dirhams (7 euros), lo que hace que realmente sea sensiblemente más caro que el resto de monumentos de la ciudad. Pero merece la pena. Nada más cruzar las puertas de acceso es como entrar a otro mundo: un bosque de bambú es el primer paso de un frondoso jardín botánico con miles de especies que rodean un magnífico edificio art déco pintado de un intenso azul manchego. El edificio, que alberga el museo bereber, contrasta de manera llamativa con el resto de colores rojizos tan característicos de la villa magrebí.

El jardín, proyectado y construido por el artista francés Jacques Majorelle, dejó enamorado a Yves Saint-Laurent, quien lo acondicionó de nuevo y le dio el aspecto actual. En honor al diseñador galo, los jardines esconden también un memorial al amor del mismo por la ciudad de Marrakech.

Día 2. Mañana. Los palacios del sur de la medina

tumbas saadies marrakech

Situados al sur de la medina, en las cercanías del barrio judío o la Mellah, una serie de palacios y estructuras reales marrakchíes se dispersan en forma de media luna.

Comenzando por la zona más occidental, encontramos las famosas tumbas saadíes. Localizables gracias al minarete que las vigila desde un costado, este lugar de enterramiento real de la dinastía homónima, es uno de los lugares más concurridos por los turistas en la ciudad. Pero su tamaño es minúsculo. Si bien no se forman colas a la entrada, una vez dentro no es extraño tener que esperar unos veinte minutos para poder admirar las preciosas estructuras funerarias.

palacio el badii

En contraste con las pequeñas dimensiones de las tumbas saadíes, el inmenso palacio El Badii nos da una idea del poder que llegó a acumular la dinastía saadí en su capital Marrakech. Los palacios se construyeron con el botín tomado a los portugueses en la batalla de Alcazarquivir y parece ser que se tomó a la Alhambra como inspiración. Desgraciadamente, y tras el auge de una nueva dinastía, la alauí, el palacio cayó en desuso y hoy en día se encuentra en un precario estado de conservación. Como en otras zonas de la ciudad, actualmente se están llevando a cabo obras de mejora y acondicionamiento del recinto palatino.

palacio bahia marrakech

Para finalizar nuestro recorrido por la Marakech palatina, hemos de dirigimos hacia el noreste para llegar al palacio Bahía. Obra de un visir decimonónico para su vivienda y la de su harén (esposas y concubinas, ahí es nada), este complejo cuenta con fastuosos patios de azulejos, fuentes y plantas. El acceso se realiza desde su flanco occidental y su perímetro de 8.000 metros cuadrados puede hacer que -si vienes del lado equivocado- te toque dar una vuelta estilo kamikaze alrededor del mismo.

Día 2. Tarde. El Marrakech del lujo

la mamounia marrakech

Tras una intensa mañana de pateo por la medina y sus callejuelas, es hora de comprobar la otra cara de Marrakech. Si salimos de la ciudad antigua por la puerta Bab el Jedid (o Bab el Yedid), la avenida de Hommane Al Fatuaki nos llevará a conocer el lujo de la ciudad marroquí. Porsches Panamera, Land Rovers Evoque y Jaguars sustituyen en los barrios de Hivernage y Guéliz a los Dacia y Peugeots de las otras zonas de Marrakech. Aquí se encuentran los hoteles de cinco estrellas y las discotecas de moda de la ciudad, amén de la madre de todos los lujos marrakchíes: la Mamounia.

Tras unos guardias seguridad que te dan acceso (o no) al complejo: la Mamounia es un hotel-restaurante-centro comercial de lujo-etcétera que esconde unos inmensos jardines en los que disfrutar de un bonito paseo bajo la luz del atardecer del sol de Marruecos. Los pasillos dentro del edificio son también dignos de admirar. Si lo deseas, también puedes tomarte un café en su restaurante-cafetería por el módico precio de 7 euros. Sí, un café en la Mamounia cuesta lo mismo que un menú para dos personas en la medina de Marrakech.

No se suelen poner trabas a la hora de entrar como turista al complejo, pero si lo hacen, puedes indicarles al personal de seguridad que vas a tomarte un refresco y te abrirán las puertas amablemente. Un buen broche final a dos intensos días de pateo por la ciudad de Marrakech.

¿Quieres saber más información útil sobre Marrakech?

En el siguiente post encontrarás toda la información que necesitas para preparar tu viaje a Marrakech.

 

 

 

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