Qué ver en un día en Heidelberg (Alemania)

Pensaba que los trenes en Alemania nunca iban con retraso. Hacía tiempo que había vivido seis meses en Baviera, he visitado muchos otros lugares en el país germano y nunca una locomotora de la Deutsche Bahn había presentado tardanza significativa.

Sin embargo, en mi excursión a la bonita localidad de Heidelberg, en el Land de Baden-Wurtemberg casi se va al garete por culpa del retraso en los trenes.

¿Llegué tarde? Sí. ¿Llovía? Sí. Pero lo que me encontré en Heidelberg mereció la pena aunque estuviera allí sólo durante unas horas. Una visita a esta ciudad a orillas del río Neckar tiene recursos para una escapada de un par de días, pero si solo dispones de una jornada, esto no debe ser impedimento para que puedas acercarte y disfrutar -de forma breve- de sus maravillas culturales y gastronómicas. Na los!

Cómo llegar de la estación de trenes (Hauptbahnhof) al centro histórico de Heidelberg

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Al contar con poco tiempo en sólo un día, es bueno que sepas de forma anticipada como llegar de la Hauptbahnhof, o estación central de ferrocarril, hasta el centro. Como buena ciudad alemana, Heidelberg cuenta con un servicio de transporte excelente, tanto por tranvía, S-Bahn (cercanías) o buses urbanos.

Para llegar de forma más rápida se puede tomar, justo delante de la Oficina de Turismo, a la salida de la estación el autobús número 32 que lleva directamente hasta la Altstadt o ciudad vieja.

El castillo de Heidelberg y las vistas sobre el Neckar

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La joya de la corona de todo el patrimonio de esta ciudad teutona es su castillo. Esta impresionante obra medieval se sitúa en lo alto de una colina desde la que se divisa todo el valle del Neckar. Para llegar hasta el castillo se debe tomar un coqueto funicular que se sale desde la plaza de Kornmarkt.

El castillo es de un estilo ecléctico que le viene dado por las sucesivas construcciones a lo largo de los siglos. Su apariencia medio derruida no data de los aciagos días de la Segunda Guerra Mundial, sino de la muy anterior Guerra de los Treinta Años.

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Los jardines son gratuitos a partir de las 18 horas pero merece la pena pagar a cualquier hora por esta maravilla. Parece ser que el interior de los edificios no es tan atractivo como los jardines y las distintas plazas fuertes de entre las diferentes construcciones. No te vayas del castillo sin estar seguro de haber recorrido todos los rincones públicos ya que cada uno de los diferentes recovecos es más bonito que el anterior.

Las vistas desde el Heidelberg Schloss, su nombre en alemán, son impresionantes. Si en un día nublado son espectaculares, imagínate como deben ser un día soleado.

Las joyas medievales y barrocas de la Altstadt

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Heidelberg tuvo la enorme suerte de no ser arrasada por los bombardeos aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Gracias a esa coincidencia histórica, hoy en día esta ciudad puede considerarse una de las más “auténticas” de toda Alemania. En su extenso casco histórico, o como lo llaman los germanos Altstadt, Heidelberg atesora grandes y pequeñas joyas arquitectónicas que se descubren entre el ir y venir de los estudiantes que llenan las calles de esta ciudad universitaria.

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La Marktpatz, o plaza del mercado, es el kilómetro cero de Heidelberg, donde la fuente de Hércules vigila a su alrededor. Justo en esta plaza se encuentra la Heiliggesitkiche (iglesia del Espíritu Santo) a cuya torre también puede subirse y que cuenta con la singularidad de  de haberse ido repartiendo entre católicos y protestantes a lo largo de los siglos.

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Hacia el oeste por la Hauptstraße nos encontramos con la iglesia de los Jesuitas (Jesuitenkirche) situada en una recoleta plaza. Esta hará las delicias de los amantes del barroco y nos dará paso a la fama Universitätsplatz, en la que se enmarcan, por su lado norte la Vieja Universidad (alte Universität) y por el sur la Nueva Universidad (neue Universität).

Por último, como imprescindible en el centro de Heidelberg debemos visitar la Studentenkarzer, la prisión estudiantil. Sí, Heidelberg contaba con una cárcel en la que se llevaban a los estudiantes que no se comportaban como debían. Aquí no se andaban con chiquitas.

La tranquilidad del sendero de los Filósofos

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Para terminar nuestra jornada por Heidelberg vamos a cambiar de tercio. Entre los puentes que cruzan el Neckar, el más característico es el alte Brücke o Puente Viejo (como el del secreto). Se trata de una obra de 200 metros que conecta la ciudad en sí con el Schlangenweg. El puente cuenta con dos magníficas torres que dan paso a la estructura de paso sobre el río. Pero antes de cruzar asegúrate de echarle un vistazo al simpático monito que se encuentra en el lado izquierdo antes de cruzar y que sujeta un espejo. Según la leyenda, frotando el espejito tendrás suerte con el dinero. Así de prístino se encuentra susodicho espejo.

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Una vez al otro lado de la ciudad nos encontramos en el distrito de Neunhaim y el ya nombrado “camino de las serpientes”. Siguiendo las indicaciones debemos ascender por sinuoso caminos repleto de vegetación hasta la tranquila Philosophenweg, o sendero de los Filósofos. Al igual que su homónimo de Kyoto, en este tranquilo camino, uno puede relajarse dando un bonito paseo por la naturaleza y, además, se observan unas increíbles vistas, no sólo de la ciudad, sino también del castillo. Subir al atardecer es siempre un plus.

Dónde cómer y tomar algo en Heidelberg

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Heidelberg es una de las ciudades medias con más vida de Alemania. Al contar con una prestigiosa universidad, no escatiman en la ciudad los bares, restaurantes y garitos para disfrutar de la gastronomía teutona así como de su gran variedad de cervezas.

Al estar sólo un día, no tuve ocasión de comparar, pero he de decir que mi instinto me guió bien y cenamos en un lugar muy típico y acogedor: Zum Seppl, en Hauptstraße 213. Tiene varios ambientes, todos muy germánicos y la carta es amplia y muy tradicional.

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Para tomar algo, no te faltarán opciones pero si quieres ir a lo seguro, un lugar muy bonito y acogedor situado en la Marktplatz es el Max-Bar. Tienen pocas mesas pero es muy coqueto y cuenta con una decoración basada en la Francia de mediados de siglo pasado. Los días de sol debe tener una terraza preciosa también en la que disfrutar de una Weißbier mientras nos deleitamos con la belleza del entorno que nos rodea.

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