¡Turista! 4 timos por el mundo

“¡Coge la ramita de romero, rubio, que es de balde!” “This is my music, it’s free for you”
¿Qué tienen en común estas dos frases que te ofrecen cosas de forma gratuita? Fácil. Que ninguna es realmente gratis. Y es que la grandeza del ser humano radica en que da igual el lugar del globo en que nos encontremos todos los seres humanos se comportan de la misma forma y, lo que es más importante, nos intentan tangar de la misma forma, ya sea en la plaza de las Pasiegas de Granada, como en Times Square de Nueva York
He aquí, oh, intrépido viajero, cuatro timos que te puedes encontrar por las cuatro esquinas del mundo.

1.     Las gitanas del romero, Granada (España)

Catedral de Granada

Estas simpáticas señoras de etnia gitana son de lo más lozano y dicharachero. Al grito de “¡Rubio, cógelo que es gratis!” te intentarán parar por todos los medios y colocar una rama de “romero” de la forma más insistente. Independientemente de tu color de pelo y de las ganas que tengas de escucharlas. Su objetivo: leerte la buena ventura. Ventura que te puedo leer yo sin romero, que te saldrá más barato. Tras desvelarte la cantidad de hijos que engendrarás y lo afortunado que serás en tu vida, te espera una sorpresa: tienes que pagarles. Y no aceptan lo suelto que tengas porque “la suerte se paga en billetes”. Ten cuidado y no saques la cartera ya que: billete de 50 que asoma, billete al que le echan mano. No es broma. Consejo: cuando se te acerquen, manos a los bolsillos y espétales un “¡Que soy de aquí!”. Con toda la malafollá granaína.

2.     Los raperos de los CD, Nueva York (EEUU)

Times Square Nueva York

Son el equivalente de las señoras del romero de España. Cien por cien mismo modus operandi. Si bien su aspecto de gangsta impone un poco más. Se acercan con mucho swag ofreciéndote su maqueta que es “gratis”. Gratis igual que el romero. No te pares y mucho menos cojas el CD. Su comportamiento a posteriori es muy agresivo y no van solos. Consejo: tanto como si sabes inglés, como si no, finge como que no puedes comunicarte con ellos, continúa tu camino y cómprate unas camisas a quince dólares en Gap.
Spin-off: El señor de las gorras en Nueva Orleans. Solo vi uno (no sé si hay más) y solo vino hacia mí. Me ofreció de la forma más extraña una gorra gratis. Ni la acepté ni vi a nadie más a quien se lo ofreciera, por lo que desconozco qué ocurre si se coge, pero todo hacía sospechar que esa gorra era otra “ramita de romero”.

3.     Los jóvenes de las pulseritas del Sacre-Cœur, París (Francia)

Sacre Coeur Paris Francia

Las vistas de París desde la explanada de la basílica del Sacre-Cœur son de las mejores de toda la ciudad de la luz, pero no te extasíes. No demasiado. Bajando por el parquecito en dirección a la rue de Steinkerke te verás abordado, no por uno, ni dos, sino por toda una banda de jóvenes dispuestos a colocarte en la muñeca una pulserita de la suerte. Al contrario que las señoras del romero o los que ofrecen CD, estos van directos a colocártela y habrá, con toda probabilidad, contacto físico. Tendrás que esquivarles para pasar, así que estáte ojo avizor. Consejo: tómatelo con calma y no te encares. Intenta alejar los brazos de ellos como puedas y haz caso omiso de sus insultos.

4.     La ceremonia del té, China

Mezquita XiAn China

En la Lonely Planet, en el hostel, en el bar, por todos lados: ¡Cuidado con la ceremonia del té! Cuenta la leyenda que si alguna señorita muy señoreada se te acerca en cualquiera de las principales calles comerciales de China, ya sea Qianmen Street en Pekín o Nanjing Road en Shangái, y te ofrece que la acompañes a un establecimiento cercano, lo más probable es que salgas sabiendo mucho sobre té y con los bolsillos vacíos. Hasta la saciedad te previenen de la siguiente secuencia de hechos: te acompañan a un establecimiento cercano, te enseñan el procedimiento del té con todo lujo de detalles y, lo que en principio parecía pura hospitalidad, se convierte en una extorsión de la que debes pagar una cantidad importante si quieres salir ileso. Por suerte, solo puedo corroborar el segundo de los pasos indicados. Ni acompañé a nadie a un establecimiento, ni fui objeto de extorsión. Mi ceremonia del té ocurrió en Xi’An, en el barrio musulmán. En una pequeña y coqueta cafetería. Mientras aprovechaba su wifi, la amable camarera me ofreció un té de forma gratuita, a lo que accedí gustosamente. Acto seguido hizo un despliegue de infusiones, figuritas y pequeñas tazas que me hizo advertir en lo que me había metido: la temida ceremonia del té. Tras presenciar el protocolo de rigor y probar el primero de los tés, preso de los temores infundidos, me levanté y disculpé alegando que tenía prisa. La mujer, por suerte, solo me indicó que si quería comprar té chino, ella tenía a buen precio y me dejó marchar sin más. Todo quedó en anécdota.

¿Más timos?

Si tienes más ejemplos sobre este tipo de timos en otros destinos anímate a compartirlos en los comentarios. Así podremos ir todos prevenidos.
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6 comentarios sobre “¡Turista! 4 timos por el mundo

  1. Junto al Coliseo en Roma hay algunos romanos disfrazados con ropas de la época los cuales te dirán de hacerte una foto con ellos o incluso se acoplaran en tus fotos y posteriormente, te pedirán dinero

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  2. Yo tengo un bonito elefante de madera gracias a la persecución de vendedores callejeros en Tánger. Y aunque les compres algo, no te dejarán tranquilo. Por eso tengo unas sandalias. Y lo mejor, todos esos productos de pueden comprar en Granada más baratos.

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